ayres de jazz

El nombre, de claras resonancias piazzollianas, tiene su sentido. El jazz es, ante todo, libertad, mestizaje cultural y elogio de la diversidad. Ayres de Jazz es un pequeño velero que se desplaza en el oceano ciberespacial guiado por la curiosidad con el anhelo de comprender lo que esta sucediendo. Eso es todo.

Sunday, June 04, 2006

La dimension subjetiva de Cromañón

Por Eduardo Basz


Las secuelas que quedan en los sobrevivientes de la tragedia de fines del año pasado en la discoteca. ¿Qué se puede hacer desde sus subjetividades para seguir adelante? Lo explica uno de los especialistas que atiende a quienes estuvieron adentro y afuera del local aquella trágica noche.
Entrevista; Juan Dobon es psiquiatra, psicoanalista y referente del centro de asistencia a las víctimas de un hospital porteño.
Aunque corrieron ríos de tinta sobre el caso Cromañón, nada se ha dicho sobre la dimensión subjetiva de la catástrofe social.
Con un aspecto a considerar: que los sobrevivientes queden de por vida atrapados en esa condición ("los pibes de Cromañón").
Para tratar estos temas "Río Negro" entrevistó a Juan Dobon, médico psiquiatra y psicoanalista, jefe de los consultorios externos del Servicio de Psicopatología y Salud Mental del Hospital Pinero y referente del equipo de asistencia a las víctimas en un hospital que atiende a la población del sur de la Capital Federal y del Gran Buenos Aires.
- ¿Qué significa ser un sobreviviente de Cromañón?
- Haber atravesado el horror, o cargar con el dolor de alguna pérdida en el caso que la hubiere... Simplemente, el hecho de haber estado ahí es una marca que al meno desde el tratamiento subjetivo hay que tratar que no lo estigmatice. Es decir, que no queden condenados doblemente al haber atravesado esa tragedia y encima ser solamente eso: un sobreviviente de Cromañón. Ello implica situar, claramente, esa marca, pero que no queden soldados a esa marca. Es un poco lo que paso con Malvinas, muchos ex combatientes de Malvinas quedaron "condenados" a ser soldados, soldados para siempre. Y acá se trata de no quedar quemados de por vida. Se trata de encontrar ese punto justo, de tener memoria de lo sucedido, pero no quedar congelados en ese momento.
- ¿De qué manera impacta en un adolescente haber sido protagonista de semejante tragedia?
- Lo que estamos viendo es que hay un destiempo en como hacer frente a las secuelas de una tragedia así, porque la adolescencia no es un tiempo en que el sujeto esté preparado para enfrentar la muerte (en realidad, el ser humano nunca lo está). En el momento de la catástrofe seguramente existieron repuestas mecánicas: correr, ayudar, salir, sobrevivir.
Después empiezan a aparecer manifestaciones tanto en el cuerpo como psíquicas. Lo que estamos empezando a ver, ahora, son situaciones muy complicadas en el tema de la culpa: la culpa de haber estado ahí y no haber ayudado más de lo que humanamente se puede ayudar. Por lo que uno puede ver, todos ayudaron y el que no lo hizo ayudó de otra manera. Esta culpa trágica me lleva a pensar una cosa desde la tragedia clásica, estos chicos no estaban preparados para ser héroes, fueron a un recital y de repente se enfrentaron con toda la dimensión de la culpa trágica. Fueron interpelados por actitudes de heroísmo, o de cobardía, en una época de mucha fragilidad.
- ¿Existe alguna diferencia entre haber estado en el interior del boliche o en la calle, cuando se produjo el incendio?
- Cuando empezamos con la tarea de asistencia, tuvimos contactos personales con e equipo de terapeutas que trabajó en la AMIA. Nos señalaban que ellos trabajaban con la hipótesis de la onda expansiva. Se va marcando un nivel traumático de máxima, y a medida que se va abriendo una segunda onda expansiva llega a los que estuvieron cerca o tuvieron un familiar que falleció, a su vez hay una tercera onda que toca a la Argentina.Tomamos este modelo y pensamos que los que estuvieron adentro tienen un nivel de compromiso mayor en algún sentido. Pero yo no lo manejaría en términos espaciales. Hay gente que estaba afuera y se metió, a asistir a las víctimas a comprometerse en las marchas. Esa persona también estuvo adentro. Ahora, hay otros que estuvieron adentro y subjetivamente salieron. Fue algo terrible que les pasó y clínicamente, por ahora, no han manifestado síntomas. Pero el que estuvo adentro y pasó situaciones de horror, manifiesta claramente situaciones de estrés agudo y ahora empieza a aparecer un estrés postraumático.
- ¿Cómo hace un chico que atraviesa por ese estado para reconstruir su vida?
- Los síntomas que vemos mas frecuentemente son aquellos ligados al estrés agudo y postraumático, pérdida de sueño, o despertarse a la noche, flashback , recuerdos permanentes, ilusiones de la memoria , ver algo allí donde no lo hay, todo esto es típico del estrés agudo o postraumático. A esto se suma otra dimensión que empezamos a situar de la culpa trágica, de reproches, tristeza, dolor, irritabilidad. Pero si la pregunta apunta a cuál es la vía de tratamiento: la respuesta es lo que nosotros llamamos trabajo de duelo. No significa sólo perder una persona. En el duelo, decía Freud, se pierde un ideal, algo amado o algún valor. Lo mas trágico de Cromañón para un adolescente es que iba a escuchar música en fraternidad. Además de haber perdido a pares, también se pierde un ideal en una edad donde los ideales son muy fuertes. Entonces, esa pérdida requiere un trabajo de duelo muy largo. Como decían los chinos, es reconstruir el universo desde el centro de la tierra hasta las estrellas. Por otro lado, hay una tarea de rescate de la subjetividad. Es muy humano querer cerrar todo recuerdo. Y eso lo que genera es un duelo a perpetuidad. Ahí viene el riesgo de ser los pibes de Cromañón y no hacer nada.
- Mucho se ha hablado del aspecto político o incluso jurídico de Cromañón, pero se ha eludido de manera bastante evidente la dimensión subjetiva. A que atribuye esa ausencia?
- Los discursos positivistas, tanto jurídicos como algunas corrientes psicológicas o médicas van a tomar el fenómeno como tal: un fenómeno observable, van a intervenir. Lo que se les escapa entre los dedos es la afectación subjetiva, porque es lo más difícil de asistir, de soportar. Porque una demanda subjetiva no tiene precio en el mercado. Así como hay discusiones acerca de cuanto vale o deja de valer una vida, la dimensión subjetiva de haber estado ahí, en el horror, o haber sido familiar o pensar como piensa cualquiera que su hijo pudo haber pasado por eso,es lo mas difícil de alojar. Justamente alojar significa darles un lugar a estos chicos para que puedan hablar.Poder hablar y hacer algo además de hablar. El problema es que cuando alguien empieza a hablar y ese hablar es consecuente con lo que dice tiene efectos sociales. Entonces mas vale que la cosa quede así. Hay que darles la palabra, y darle la palabra a un adolescente es un desafío. Y a mí eso me encanta.
ayresdejazz@gmail.com

2 Comments:

Anonymous Anonymous said...

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»

9:51 AM  
Blogger Unknown said...

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11:23 AM  

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